En la actualidad la velocidad de vida hace que
leer se vuelva un lujo comparado con la cantidad de
actividades que se tengan que desempeñar. En las
grandes metrópolis como la ciudad de México en-
contrar tiempo para leer casi siempre es más cos-
toso que el precio del libro. Entre la ofcina, la escue-
la, la casa y el transporte es muy difícil hacerse de
tiempo de lectura; tampoco los espacios favorecen
mucho y por otro lado la gente que estaría natural-
mente más inclinada a leer en sus horas libres es
aquella que no hace nada más que leer y escribir en
su trabajo y con algo de razón lo último que piensan
hacer para descansar es seguir leyendo.
Hoy en día tenemos más libros que tiempo para
leerlos, tenemos grandes bibliotecas que tal vez
nunca leeremos, pero como diría José Gaos “toda
biblioteca personal es un proyecto de lectura”.
Aun así la cantidad de publicaciones cada
vez es mayor, también cada vez es más fácil
publicar un libro. La persona que dijo que pron-
to se acabarían los libros seguramente no sabía
que en el mundo se publica uno cada medio
segundo y en realidad resulta un negocio bas-
tante fructífero para muchas editoriales. Parece
que la globalización en cuanto a los libros no
quiere decir que todo el mundo va a leer el mis-
mo libro; quiere decir que cualquier persona
puede publicar un libro sin importar el tema o el
tamaño del mercado al que va dirigido.
Hay muy pocos libros que leen muchos y
muchos libros que leen pocos, de hecho para
elegir el catálogo de una librería fuera de los co-
nocidos Best Sellers el librero juega una espe-
cie de adivinación para saber qué libros van a
querer comprar. Hoy los profesionistas quieren
escribir un libro y en realidad cualquiera tiene la
posibilidad de hacerlo, en las estadísticas de la
Unesco puede verse que el aumento de libros
publicados es paralelo al aumento de títulos
universitarios entregados, pero la pregunta es
quién lee esos libros y lo más obvio es que na-
die, porque se hacen para regalarse y regalar
un libro es regalar la obligación de leerlo y muy
pocos la cumplen, de hecho es muy fácil en-
contrar libros dedicados totalmente nuevos en
las librerías de usado… En realidad no es fácil
tener tiempo para leer. En el eterno dilema de
tener tiempo contra tener bienes casi siempre
se eligen los bienes y podemos atesorar verda-
deras joyas de la literatura o de la historia pero
no contar con el tiempo necesario para leerlas.
leer se vuelva un lujo comparado con la cantidad de
actividades que se tengan que desempeñar. En las
grandes metrópolis como la ciudad de México en-
contrar tiempo para leer casi siempre es más cos-
toso que el precio del libro. Entre la ofcina, la escue-
la, la casa y el transporte es muy difícil hacerse de
tiempo de lectura; tampoco los espacios favorecen
mucho y por otro lado la gente que estaría natural-
mente más inclinada a leer en sus horas libres es
aquella que no hace nada más que leer y escribir en
su trabajo y con algo de razón lo último que piensan
hacer para descansar es seguir leyendo.
Hoy en día tenemos más libros que tiempo para
leerlos, tenemos grandes bibliotecas que tal vez
nunca leeremos, pero como diría José Gaos “toda
biblioteca personal es un proyecto de lectura”.
Aun así la cantidad de publicaciones cada
vez es mayor, también cada vez es más fácil
publicar un libro. La persona que dijo que pron-
to se acabarían los libros seguramente no sabía
que en el mundo se publica uno cada medio
segundo y en realidad resulta un negocio bas-
tante fructífero para muchas editoriales. Parece
que la globalización en cuanto a los libros no
quiere decir que todo el mundo va a leer el mis-
mo libro; quiere decir que cualquier persona
puede publicar un libro sin importar el tema o el
tamaño del mercado al que va dirigido.
Hay muy pocos libros que leen muchos y
muchos libros que leen pocos, de hecho para
elegir el catálogo de una librería fuera de los co-
nocidos Best Sellers el librero juega una espe-
cie de adivinación para saber qué libros van a
querer comprar. Hoy los profesionistas quieren
escribir un libro y en realidad cualquiera tiene la
posibilidad de hacerlo, en las estadísticas de la
Unesco puede verse que el aumento de libros
publicados es paralelo al aumento de títulos
universitarios entregados, pero la pregunta es
quién lee esos libros y lo más obvio es que na-
die, porque se hacen para regalarse y regalar
un libro es regalar la obligación de leerlo y muy
pocos la cumplen, de hecho es muy fácil en-
contrar libros dedicados totalmente nuevos en
las librerías de usado… En realidad no es fácil
tener tiempo para leer. En el eterno dilema de
tener tiempo contra tener bienes casi siempre
se eligen los bienes y podemos atesorar verda-
deras joyas de la literatura o de la historia pero
no contar con el tiempo necesario para leerlas.
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